Últimas palabras

He estado pensando en la muerte y en lo que pasa justo antes, me lo imagino como un verano silencioso y caliente que te obliga a estar detenido. Deambular sin un extremo que delimite un día de otro, caerse bajo el sol como un animal que agoniza, volver a tu habitación como derrota y verte a ti mismo en el espejo; dos cuerpos iguales, dos caras iguales y el mismo verano silencioso y caliente que pasa como un incendio en cámara lenta sin poder hacer nada para que vaya más rápido. 

He estado pensando en la muerte y no solo en el verano, aunque ambas cosas se parezcan, he pensado en lo que se escribe antes de morir, antes de perder del lenguaje.  ¿Cuáles serían mis últimas palabras? 

Una vez de adolescente estuve toda una tarde preguntando a gente de mi entorno si había pensado alguna vez en las suyas. Me respondían que sería alguna broma o que querían a sus madres, a mí eso no me satisfacían, yo creía que había que meditarlo mucho y con cuidado, aunque, pensaba, que tampoco conviene darle muchas vueltas, debe ser una ocurrencia del momento, algo ingenioso, aunque el cómo daría igual porque te estás muriendo y en ese momento seguramente uno no piensa en elaborar un discurso de calidad... Todavía me acuerdo de las palabras que se me ocurrieron y de cómo las ensayé en mi mente de forma obsesiva orquestando algo tan primitivo como morirse. 

"Lo he sentido todo"

Refiriéndome a que habré experimentado todos los sentimientos posibles. Ahora no les encuentro mucho sentido, no sé que es "todo" ni cómo puedo contar y medir ese todo. ¿Sería un todo condicionado por mi experiencia? ¿Un todo no definido del cual no tengo certeza de que exista y de si habré conseguido abarcar? 

El motivo de este ensayo es que también me pregunté cuales habrán sido las últimas palabras de los escritores que admiro y sus respectivas visiones sobre la muerte. Por ejemplo, George Bataille  decía que la muerte es la experiencia absoluta de lo real al finalizar los límites como individuos en su discontinuidad. O Baudelaire en el verso "¡Oh Muerte, capitana, ya es tiempo, el ancla alcemos! / Nos hastía esta tierra [...]". Ambos esperaban la muerte con ansia y como promesa de liberación. A continuación, veremos también a otros con un discurso más variado y cómo quedó plasmado en la literatura.

"The woman is perfected / her dead body wears the smile of accomplishment". 

Así empieza el último poema que escribió Sylvia Plath. Su vida estuvo marcada por el tormento emocional y mental debido al trastorno bipolar y a la depresión que acabaría marcando el tono principal de sus obras. Casi al final, cuenta en su novela semibiográfica, The Bell Jar, "the world itself is the bad dream". La realidad se convertía en un espectáculo ajeno a ella y percibía todo desde una campana de cristal que insonorizaba lo de afuera y enfatizaba sus delirios. En ese último poema, sin que sea una influencia directa, reitera la idea de Bataille afirmando que la muerte es un estado perfecto y un logro ante la vida.

Desde la obra y vida de Rainer Maria Rilke, vemos que lidiaba con enfermedades crónicas como la leucemia viéndose obligado a permanecer encerrado en sanatorios. Contradiciendo a su mala condición física, sus últimos años se caracterizaron por una gran actividad creativa sin llegar a manifestar un pesimismo total. Si tomamos su obra como conjunto, vemos que trata la muerte como razón que aporta sentido a la vida, como una especie de plenitud y consecuencia inevitable. Conviene destacar su causa de muerte ya que resultó muy célebre y poética: El poeta andaba por el jardín buscando una rosa para regalarle a su amiga y una espina se le clavó en la mano, la herida nunca se le curó hasta que la infección empeoró de tal manera acabaría siendo esa su causa de muerte. Su últimas palabras escritas serían las que aparecerán en su propio epitafio: 

"Rosa, oh contradicción pura / deleite de ser sueño de nadie / bajo tantos párpados"

Esta paradójica composición nos da a entender que ve la muerte desde una subordinación metafísica sin mostrar resistencia. Esta visión idealizada no la compartiría de forma similar con, por ejemplo, Kurt Cobain, el cantante de Nirvana, aquí la idealización se presentaría más bien en su afecto desbocado por el otro. En este fragmento de su carta de suicidio podemos verlo:

"There's good in all of us and I think I simply love people too much, so much that it makes me feel too fucking sad"

Plantea un desbordamiento caótico ante la vida; ha querido demasiado, ha sentido demasiado y ese exceso le acaba produciendo un profundo vacío. En este caso, la muerte no es planteada desde la perfección como lo hace Sylvia, o desde la potencia creativa de Rilke, el cantante lo vive como una huida de ese estado emocional insostenible para proteger a sus seres queridos de su inminente respuesta autodestructiva. De igual manera, vemos esta necesidad de exilio del cuerpo y del entorno en el último poema de Alejandra Pizarnik:

"No quiero ir / nada más / que hasta el fondo"

Estos versos los escribió en la pizarra del manicomio donde estaba internada. Alejandra agotó su existencia hasta querer traspasar los límites de lo inmediato y superficial. Esta idea de trascendencia nos lleva al pensamiento de Freud sobre la pulsión de muerte, en la que se conduce al individuo a la destrucción y a la disolución del yo. La poeta buscaba entregarse a ese lugar no nombrado y trascender la limitación corporal y mental que le anclaba a lo real. 

Julio Cortázar, escritor y amigo de Alejandra,  le escribe una carta cuando su estado mental empeoraba:

"Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva"

Cortázar le pedía que se aferrara a la vida. Esta petición va acorde con sus ideas sobre la muerte ya que la concibe como algo posterior que no nos corresponde imaginar, abogaba por experimentar el presente de forma auténtica y despreocupada sin un motivo místico o filosófico detrás. Su último escrito fue una carta a Felisa Ramos en la que pensaba que se curaría de su enfermedad mientras intentaba trabajar en la edición de su novela Rayuela. Interpretamos que a pesar de estar en la recta final, seguía en contacto directo con la vida y con su cotidianidad. 

Los dos últimos escritores que mencionaré, siguen en la línea de Cortázar mostrando una visión mas serena de la muerte, la describen como una actividad trivial, como dormirse y despertarse en otro sitio, ven morirse como algo esperanzador: una oportunidad. Esto se encuentra plasmado en el pensamiento de Borges cuando declara en su última entrevista: 

 "Voy a morir y voy a cesar, y qué más puedo querer que eso, qué cosa más grata puede haber que la muerte, que se parece tanto al sueño que es quizá lo más grato de la vida. Es decir, yo descreo en la inmortalidad pero eso no es una fuente de tristeza para mí sino de felicidad: pensar que voy a cesar". 

En la misma entrevista le preguntan qué opina sobre la vida y me parece interesante citarlo teniendo en cuenta que su respuesta sería desde la certeza de que se iba a morir pronto:

"¿La palabra vida? Lo incluye todo. [...] Entonces esa vida, se ha dicho que estaría dormida en las piedras; luego en las plantas –podemos suponer que sueñan–; en los animales, también. Y en el hombre [...]"

Borges defiende que hay vida en el interior de todas las cosas y no sitúa al ser humano en el centro del mundo. Esta visión escasamente individualista le conducirá a no experimentar la muerte como algo personal y trágico, pensamiento que comparte también con el escritor Fernando Pessoa y que vemos en su último poema:

"Es quizá el último día de mi vida.
He saludado al sol, levantando la mano derecha,
pero no lo he saludado para decirle adiós.
He hecho una señal de que me gustaba verlo todavía, nada más".

Pessoa afronta la muerte con tranquilidad y optimismo, esto me recuerda a la caracterización vitalista que tiene su heterónimo Alberto Caeiro, en la que acepta la muerte sin angustia, la vida debería ser una celebración sensorial y presente sin pensar en lo que ocurrirá, esta idea también se ve representada en la Ética de Spinoza: "El hombre libre en nada piensa menos que en la muerte". Para el filósofo, la muerte no es una una tragedia, sino simplemente el momento en que el cuerpo ya no puede sostenerse. No hay una alma inmortal individual que "sobreviva" al cuerpo, lo que hay es la persistencia del ser, entendido como Naturaleza o Dios. En el último poema de Pessoa vemos como vincula ese último día de su vida con el sol, reafirmando esa convivencia intrínseca de la existencia humana con el entorno natural y señalándola con una ligereza rupturista, ya que es habitual que predomine el miedo a lo desconocido y la desesperación por perder el control del yo.

"I don't know what tomorrow will bring", sería la última frase que escribe a mano Fernando Pessoa en el hospital el día antes de morir. Lo escribe en inglés porque es el idioma que le vincula a su infancia en el sur de África. El fragmento manifiesta el ánimo por experimentar esa transición hacia la muerte y la entrega total aceptando los límites del conocimiento como algo positivo. 

Es un hecho que algún día diremos las últimas palabras y que en algún momento se nos agotará el lenguaje y se irá con nosotros a ese otro lugar que los poetas intentan comprender. Por ahora no sabemos qué esperar de esa trascendencia freudiana. Yo para quedarme tranquila, aplicaré la teoría cursi y ambiciosa que pensé cuando tenía 16 años y procuraré sentirlo todo, pero desde una insignificancia consciente, como estar frente al océano y pensar que tus células tienen la misma cantidad de vida/alma que las piedras que pisas y que los cangrejos rojos. Sentirlo todo sin suponer lo que trae el mañana, habitar esa duda como motor de vida siendo una máquina deseante, como proponía Deleuze,atravesar el mundo sin esperar un sentido explícito, sin tenerle miedo a la muerte.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Bruna

Relato I: Cuerpo de cristo