Relato II: Cuerpo de Cristo
IV Llegamos a la misa y ya había empezado. El cura estaba de pie frente al atril, su toga me interpelaba desde ese altar ficticio, sus manos se revolvían en el aire con violencia, " Alabado sea el señor ", esas palabras salen lentas y pesadas de su boca. Su cuerpo es grande, sus brazos se apilaban como montañas de arena bajo las telas lisas, tiene gafas para ver de lejos, son dos lentes redondos que cubren sus cuencas como dos halos de luz. Su boca hace una curva torpe hacia arriba y un pequeño brillo se condensaba sobre sus párpados, creo que me ha visto. Jesús méteme en tu estómago, guárdame en tu sagrado corazón. Mastica la fuente negra que tengo aquí en mi vientre. Mastícame a mí y a Mario. Tú sangre no sabe a hierro como la mía ¿Por qué no tenemos la misma sangre? Tu cuerpo blando tiembla en la boca de viejas tristes, sus dientes intentan no masticarte, sus lenguas te violentan con lascivia, líquidas, te caes en sus estómagos, caes sobre una piscina de pastillas para la...