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Mostrando entradas de agosto, 2025

Relato II: Cuerpo de Cristo

IV Llegamos a la misa y ya había empezado. El cura estaba de pie frente al atril, su toga me interpelaba desde ese altar ficticio, sus manos se revolvían en el aire con violencia, " Alabado sea el señor ", esas palabras salen lentas y pesadas de su boca. Su cuerpo es grande, sus brazos se apilaban como montañas de arena bajo las telas lisas, tiene gafas para ver de lejos, son dos lentes redondos que cubren sus cuencas como dos halos de luz. Su boca hace una curva torpe hacia arriba y un pequeño brillo se condensaba sobre sus párpados, creo que me ha visto.  Jesús méteme en tu estómago, guárdame en tu sagrado corazón. Mastica la fuente negra que tengo aquí en mi vientre. Mastícame a mí y a Mario. Tú sangre no sabe a hierro como la mía ¿Por qué no tenemos la misma sangre? Tu cuerpo blando tiembla en la boca de viejas tristes, sus dientes intentan no masticarte, sus lenguas te violentan con lascivia, líquidas, te caes en sus estómagos, caes sobre una piscina de pastillas para la...

Relato I: Cuerpo de cristo

I Me regalaron a Mario cuando todavía tenía los ojos cerrados y buscaba la teta de su madre con el hocico. Me lo entregaron en una cajita de zapatos de niño, estaba envuelto en un trapo y su cuerpo medía menos de cinco centímetros. Su indefensión era palpable, se encogía sobre sí mismo y sollozaba como si fuese consciente de su propia orfandad.  Esa misma tarde le compré la jaula más bonita que encontré y la indumentaria que cualquier ratón habría soñado. Yo vivía sola en un ático con demasiados cristales, demasiados muebles, demasiada ropa, demasiada comida y Mario en el rincón más bonito, con la jaula más bonita.  Así transcurrieron tres años. Mario y yo.  Él sabía su nombre, yo lo llamaba y se asomaba por la jaula con los ojitos brillantes, siempre que me pedía comida sacaba los dientes como si se riera, le encantaba el melón, la pera, el kiwi amarillo y el pan duro. Cuando atardecía la luz se filtraba por los muebles como láminas sólidas, a veces una porción acababa e...

Bruna

Hoy soñé que estaba embarazada. Sentía otra carne debajo mío, caminaba y ese bulto desproporcionado me inclinaba hacia delante, notaba sus codos, notaba el movimiento de sus piernas... Me puse frente al espejo, tenía la barriga ancha y firme y la seguridad de que era una niña la que se me movía por dentro. La niña crecía rápido, se revolvía como animalito inquieto, me usaba como motor de vida y me dejaba agotada. Yo me exploraba la barriga con las manos notando sus extremidades e imaginaba mi vagina desgarrada, el cansancio, el dolor de muerte, mis piernas abiertas y  Bruna naciendo y yo quebrada y otra. Pensaba en mi hija con resignación y con un amor hondo y secreto que no sé explicar. Estaba habitada por ella sin haberlo esperado y lo acepté como si tuviera otro instinto y otra manera de ser. Comencé a moverme más lento, con la serenidad de quién lleva a otro ser humano dentro. Su cuerpo se movía salvaje y el mío se transformaba ¿Y si al gestar un niño se adquiere un conocimien...

Últimas palabras

He estado pensando en la muerte y en lo que pasa justo antes, me lo imagino como un verano silencioso y caliente que te obliga a estar detenido. Deambular sin un extremo que delimite un día de otro, caerse bajo el sol como un animal que agoniza, volver a tu habitación como derrota y verte a ti mismo en el espejo; dos cuerpos iguales, dos caras iguales y el mismo verano silencioso y caliente que pasa como un incendio en cámara lenta sin poder hacer nada para que vaya más rápido.  He estado pensando en la muerte y no solo en el verano, aunque ambas cosas se parezcan, he pensado en lo que se escribe antes de morir, antes de perder del lenguaje.   ¿Cuáles serían mis últimas palabras?  Una vez de adolescente estuve toda una tarde preguntando a gente de mi entorno si había pensado alguna vez en las suyas. Me respondían que sería alguna broma o que querían a sus madres, a mí eso no me satisfacían, yo creía que había que meditarlo mucho y con cuidado, aunque, pensaba, q...