Bruna

Hoy soñé que estaba embarazada. Sentía otra carne debajo mío, caminaba y ese bulto desproporcionado me inclinaba hacia delante, notaba sus codos, notaba el movimiento de sus piernas... Me puse frente al espejo, tenía la barriga ancha y firme y la seguridad de que era una niña la que se me movía por dentro.

La niña crecía rápido, se revolvía como animalito inquieto, me usaba como motor de vida y me dejaba agotada. Yo me exploraba la barriga con las manos notando sus extremidades e imaginaba mi vagina desgarrada, el cansancio, el dolor de muerte, mis piernas abiertas y Bruna naciendo y yo quebrada y otra.

Pensaba en mi hija con resignación y con un amor hondo y secreto que no sé explicar. Estaba habitada por ella sin haberlo esperado y lo acepté como si tuviera otro instinto y otra manera de ser. Comencé a moverme más lento, con la serenidad de quién lleva a otro ser humano dentro. Su cuerpo se movía salvaje y el mío se transformaba ¿Y si al gestar un niño se adquiere un conocimiento otro de la realidad?

Al final del sueño, me vi subiendo una calle con la barriga apunto de estallar, de romperse en mil pedacitos y cada pedazo sería una hija y yo esparcida por el suelo, ilimitada, eterna madre y nada más.

Me desperté de repente y estaba boca arriba, con las sienes rígidas empapadas en sudor y migraña. Fui al baño y tenía la ropa interior manchada de sangre, me vino la regla y me quedé aturdida, sin barriga, sin Bruna deslizándose como culebra en el vientre.

Estuve triste toda la mañana, desayuné pensando en ella, en sus piernas puntiagudas y en su nombre. Me fui al trabajo y todavía no se me pasaba, no dejaba de buscarla en mi mente como si se me fuera a aparecer. La llamaba con inercia: Bruna, Bruna. Me gustaba como sonaba, lo hacía por puro entretenimiento, yo llamándola y ella respondiendo. 

A lo largo del día sabía que me iría olvidando de ella y de la madre posible que encierro en alguna parte. Sabía que se me olvidaría ese amor/resignación que está reservado a las hijas y me comprometí a no llegar a sentirlo nunca. Yo en realidad nunca he querido ser madre, aunque parte de mí atraviese una nostalgia que piensa y elabora el cuerpo creciendo de esa niña. ¿Qué pasaría si hubiera parido hace cinco años? Estaría empezando el colegio, se parecería a mí de niña y eso me pondría triste ¿Por qué pienso tanto en ella? ¿Por qué estoy viviendo el duelo de la hija que nunca llegaré a conocer?

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